Wednesday, August 31, 2011

PROGRESO


Los detectives suenan. Su psicodelia me envuelve.

Intento ir a Progreso. Le llamé como acordamos y no contesta. El check out es a las doce y es la una. Mi vuelo sale a las 7:20PM. Pido un taxi para ir al centro. Espero cuarenta minutos.

Si para movernos de una fiesta a la otra con un grupo de tres toma dos horas, ahora sacar el bocho convertible se ha convertido en una aventura de treinta minutos. La calle estaba libre, pero la cochera bloqueada. Lanzamos ladrillos y rebotaban. Enfurecido y acalorado sacó un martillo y tal cual vikingo rompió el vidrio, metió la mano abrió la puerta e intentó quitar el freno de mano. Imposible. Me sentí como la Bonnie de Clyde. La media vuelta y adiós. Nadie nos va parar. Compramos un par de cervezas, caminamos seis cuadras. Nos dio sed de nuevo y compramos agua en una pizzería cristiana. Llegó Igor y abordamos un autobús climatizado e infestado de moscas.

Treinta minutos más tarde, mis pies tocaron la arena, mi boca probó los caracoles y mis ojos se llenaron de mar.

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